Ellos no son quienes levantan a los niños para llevarlos a la escuela, no los visten ni los bañan, no ayudan con las tareas, no cuidan de ellos cuando enferman, ni siquiera los regañan durante sus berrinches. No comparten esos abrazos reconfortantes ni comparten momentos de juego genuino.
¡Ah, perdón! ¡Jugar con ellos! Eso sí lo hacen... a regañadientes, por supuesto, siempre ficticio. Y, claro está, después de unos días de no verlos compran esto, aquello y lo otro. Les llevan regalos y los traen de aquí para allá... Muy lindos y muy contentos. Sí, para eso son buenos, "cumpliendo" con lo mínimo necesario que no implique un compromiso mayor. Luego, lo presumen: "En serio, vale la pena gastar unos pesos con ellos. Son mis hijos, me quieren mucho, lo merecen".
Jajaja, qué falta de vergüenza. Más bien, dudo que la tengan o que alguna vez la hayan tenido. Porque, normalmente, aquellos individuos crecieron sin madre o un padre ficticio.
Y los niños, por supuesto, que tal vez notan en casa las mismas caras de mamá o, en muchos casos, de los abuelos (los padres de la madre, por supuesto) también sienten la presión constante al ir de aquí para allá todos los días, producto de ese abandono afectivo del padre ficticio.
Mamá tiene que soportar no solo eso, sino también los gastos que aumentaron debido a la maqueta que pidieron para el hijo mayor, las hojas, las copias, la canasta básica que dicen que bajó pero que nunca es suficiente. O, peor aún (porque nunca faltan esos desalmados), aquellos que solo ven glúteos y tetas necesitadas y no a una madre que, en ocasiones, siente que se quiebra a mitad de la calle, a mitad de la vida, a mitad de la adultez. Eso nunca lo ven esos desgraciados.
Ellos nunca lo sufren, nunca lo padecen. Ni ellos ni los otros. Pero los peores son esos últimos, los de "a mentiritas o ficticios". Lo hacen a expensas del cariño y amor de los niños, de la inocencia de la edad. Porque los chicos no saben nada más que ver a papá, lo cual llena sus corazones de alegría. Estos "padres" abusan del cariño de los niños, tratándolos como si fueran mascotas que felices son recibidas y abrazadas, y por ende, deben recibir su caricia en la cabeza y unas cuantas croquetas. Oh, pero para ellos, eso es amor, porque ¡lo sienten!
Pero sabemos, yo lo sé... y lo he vivido muy de cerca, estos hijos de... La mentira, son pobres padres a medias del amor de "a mentiritas o ficticio". En verdad te digo, tarde o temprano, la van a pagar.
